Capítulo 6

El día domingo lo pasé en cama. Le dije a mamá que me sentía indispuesta, y considerando que había estado “toda la noche” en una fiesta, no me hizo muchas preguntas.

El día lunes amaneció frío y nublado. No tenía sueño, pero me sentía aún decaída, y tener física en el primer bloque de clases no ayudaba mucho.

Damián se veía tan desanimado como yo, ninguno de los dos intercambió más palabras que el saludo hasta el primer recreo.

Apenas sonó el timbre, me levanté como si tuviera un resorte y partí corriendo hacia la biblioteca. No me sentía preparada para enfrentar a Gonzalo y su abrazo ni a Damián y su broma de mal gusto.

Para suerte mía, estaba Mariana, así que corrí a sentarme al lado suyo.

Luego de los saludos de rigor, decidí confiar en Mariana y contarle lo que pasó en la fiesta.

–¡Iiiiiiihhh! ¡Te oliooooo! ¡No puedo creerlo!–exclamó emocionada mientras apretaba mi mano, muy fuerte para mi gusto.

–¡Shhh! ¡No grites!–casi en un susurro continué–no quiero que nadie escuche.

–¡Lo siento!–susurró obedientemente–pero es que Gonzalo fue muy tierno ¡no lo puedo creer! Él es muy popular y muy sociable, pero no es precisamente alguien cariñoso con otras compañeras. La única excepción fue Elena, una niña que estuvo en su curso en primero medio. Lamentablemente esa relación no funcionó bien y ella terminó yéndose del colegio.

–Sí, recuerdo a Damián haberme mencionado algo al respecto… por lo que dijo habría sido por culpa de Carla.

–¡Así que era verdad! En el resto de los cursos corrió ese rumor, pero ni Gonzalo ni Elena lo confirmaron. En fin, el asunto es que después de eso, Gonzalo ha evitado tener actitudes cariñosas con cualquier compañera, por lo visto le afectó mucho ¡y esas arpías nuevamente quieren entrometerse en su vida!–me miró maliciosamente–. Pero parece que esta vez está dispuesto a pasar de todo eso por ti ¡uuuy qué emocionante!–lo último casi lo gritó.

–¡Shhhh!–nos hizo callar la encargada de la biblioteca.

–¡No estarás pensando que le gusto, Mariana!

–Laura, estás ciega, claramente le gustas.

–Bueno, es muy triste lo que pasó con la otra chica, pero yo no estoy en condiciones de gustarle a nadie, ni menos pensar en una relación.

–¿Segura? ¿Quién tuvo problemas en conciliar el sueño después de la famosa fiesta?

–Eso no significa nada–y me puse roja. Recordé ese abrazo tan cálido, su aliento en mi oído, sintiendo cómo respiraba el aroma de mi perfume. También lo recordé al lado mio, en las gradas, con el pelo pegado a su frente por el sudor. Sus pestañas largas…. ¡Agh noo! ¡No puede pasarme! 

–Laura, estás fosforescente, creo que tendremos que ir al baño a que te mojes esa cara antes que vuelvas a clases. Pero por sobretodo, creo que debes aclarar tus sentimientos. Definitivamente esto es para conversarlo con calma, la señora Clotilde nos terminará expulsando de aquí indefinidamente si seguimos viniendo a sólo conversar. Hoy no puedo, tengo reunión del taller de debate ¿puedes mañana?

–Si.

–Bien, ahora te lavarás esa cara, respirarás hondo, y entrarás a clase con toda la entereza posible.

El timbre sonó cuando iba entrando a la sala de clases. Damián estaba casi en la misma posición que cuando salí de la sala: con los ojos cerrados, sus audífonos puestos y tocando una batería imaginaria con sus dedos. Me senté y empecé a buscar en mi mochila el cuaderno de historia. Toño se me acercó. 

–¡Hola Laura! Gonzalo me dijo que te sentiste mal y tuviste que irte antes ¿cómo estás?

–¡Hola Toño! Estoy mejor, gracias. Lamento no haberme quedado más.

–¡Oh, no te preocupes! No te perdiste nada extraordinario… o bueno, si, te perdiste el show de Gabriel bailando la danza del vientre encima de la mesa–empezó a reirse a carcajadas–¿Verdad Damián? ¡Oh, no lo recuerdas! ¿Cierto? Porque cierta persona no encontró nada mejor que tomarse toda la botella de whisky que estaba en el bar de mi papá y darle un combo que casi deja knock out a Eduardo, y después caer muerto en un rincón ¿Qué te hizo el pobre para ensañarte con él?

No pude evitar mirar sorprendida a Damian ¿le pegó al baboso ese? ¿Lo habrá hecho por mi?

–Ese Eduardo es un idiota, se lo merecía–Damián me miró de reojo, luego bajó la mirada–. De todos modos no fue el único idiota esa noche.

Toño lo miró extrañado, pero cuando iba a abrir la boca para preguntar algo, justo llegó el profesor y tuvo que darse vuelta.

Damián siguió hablando con la cabeza gacha.

–Lo siento mucho por la broma–apenas pude entender lo que me decía–no pensé que te afectaría, pero sólo porque soy tan idiota como el otro tipo, es obvio que podías sentirte afectada, no lo has pasado muy bien desde que llegaste aquí, ¿me disculpas?

Recién en ese momento se atrevió a mirarme, su rostro se veía realmente afectado. Una parte de mi temía que fuera otra broma más, pero finalmente decidí creer en sus palabras.

–Está bien, estás disculpado, pero tendrás que hacer penitencia.

–¡Siii! ¡Lo que tú digas!–su expresión cambió a una radiante–. Puedo ser tu esclavo si quieres, sólo por un día, eso si.

–Mmm, no es mala idea. No sabes lo que estás diciendo Damián…

–¡Señor Irarrázabal, señorita Zambrano! ¿Nos podrían dar el gusto de explicar a la clase sobre lo que les estaba comentando?

Y bueno, después de que el profesor mencionó el tema, pude explayarme. Siempre me ha gustado historia, así que no es difícil para mi, y gracias a eso evité que nos expulsaran de la clase.

El resto del día transcurrió sin mayores novedades. No vimos mucho a Gonzalo porque el equipo de basquetbol del colegio tenía una competencia la semana siguiente y estaba aprovechando todas las instancias para practicar con su equipo.

Guardaba mis cosas en la mochila cuando cayó un papel encima. Era un volante sobre una tocata.

Al mirar hacia arriba estaba Damián, con las mejillas algo enrojecidas.

–¿Y esto?

–Es un volante.

Lo miré con los ojos entrecerrados–. Eso lo tengo claro, me refiero a que me expliques qué significa.

Tomó aire y una actitud ceremoniosa.

–Bueno, los volantes son papeles, de distintos….

–¡Aaah! ¡Ya basta! 

Comenzó a reirse a carcajadas.

–¡Lo siento! No puedo evitar molestarte, pero no te enojes otra vez conmigo–y ya en un tono más serio–. Lo digo de verdad, no te imaginas cómo me sentí después que te fuiste. Tomé de más porque no tenía ganas de nada, y lo de Eduardo fue más un desquite; no soy tan masoquista como para golpearme, pero el combo que le di fue porque me sentía tan idiota como ese tipo, y eso es mucho decir, y bueno… 

Definitivamente le había afectado. No sé qué bicho le habrá picado en la fiesta, pero estaba claro que es genuino. Y me enterneció tanto verlo afligido dándome explicaciones, sobretodo porque en la vida diaria es alguien sarcástico y frío, que sentí unas ganas inmensas de abrazarlo, pero no fui capaz, serían dos abrazos en menos de una semana, era mucho para mi. Así que sólo fui capaz de darle un golpe suave con mi puño en su brazo.

–Tonto, ya está bien, pero por favor no me hagas ese tipo de bromas nunca más–y luego que dije esto me sorprendí un poco–me hiciste falta… digo, necesitaba decir cosas y no pude comentarlas con nadie hasta hoy.

Pasaron unos segundos de silencio, hasta que decidí romperlo para que no se sintiera incómodo.

–Bueno, y qué pasa con la tocata.

–¡Ah! Eso, si. Bueno, tengo un grupo, tocamos power metal, yo toco la guitarra. Ese día participaremos, y quería saber si te interesaba ir.

–¡Oh, qué genial! ¡Obvio que voy! ¡Me encanta!

–¡Súper! Es el sábado en la tarde. Sé que todavía no conoces la ciudad, así que si quieres te paso a buscar a tu casa… si es que no te aburre llegar un poco antes y ver cómo armamos las cosas.

–Al contrario, lo encuentro divertidísimo.

–¿De verdad? Oh, se me hace tarde. Justo en un rato más nos juntaremos a ensayar, así que debo irme ¡Nos vemos!

Ya que tenía que esperar a Rafa, ordené mis cosas con calma y pasé a la biblioteca a devolver un libro.

Pensé en ir al gimnasio, pero recordé que van muchas mujeres a ver al equipo, y fácilmente me podría encontrar con Javiera y compañía, así que decidí quedarme en la biblioteca y enviarle un mensaje a mi hermano para que nos juntáramos en la salida del colegio al terminar su práctica.

Ya estaba en la salida cuando empezaron a aparecer los del equipo de basquetbol. Pude ver a Rafa a lo lejos, venía con Gonzalo.

–¡Hermana! ¡Participaré en las competencias con el equipo middle!

–¡Rafa, qué maravillosa noticia!–lo abracé y comenzamos a saltar juntos.

–¡Siii! Y todo fue a gracias a Gonzalo que logró convencer al profesor.

–Te equivocas Rafa–le revolvió el pelo con una mano–es mérito tuyo, sólo le hice ver al profesor algunas cosas en las que faltaba por convencerse, pero él ya tenía la intención de incluirte más pronto que tarde.

–Gracias Gonzalo, has sido muy bueno con Rafael.

–No es nada, Rafa es un excelente elemento para el equipo, debemos aprovechar su talento.

–Hermana, muero de hambre, vamos a casa–Rafa me tiró del uniforme.

–Está bien, ya vamos–le contesté, y luego me dirigí a Gonzalo–. Ya ves, el pequeño talento exige ser alimentado. Nos vemos mañana.

–Nos vemos, descansa–me respondió Gonzalo, y antes de que me diera vuelta para seguir a mi hermano, agregó–¡Oye Laura!–me di vuelta a mirarlo–una parte de mí también lo hizo por ti.

Quedé atónita, pero antes que pudiera reaccionar, Gonzalo tomó su bicicleta y se fue en sentido contrario.

¿Tendría razón Mariana? ¡Maldición! Otra vez me tardaré en dormir.

Foto de Emily Morter en unsplash

Comentarios recientes
  1. Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!

  2. También podría haber sido eso ajajajaj

  3. Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈

  4. Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó

  5. Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?

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