Al final del día

El niño tres surcos bien largos
en la tierra había dibujado
Con el rastrillo y la pala
el iniciado campesino se regocijaba.

– Ya es tarde- y pensó en su cama,
mientras su barriga de hambre tartamudeaba.
Amarraba su equipo cantando
cuando ciego de a poco se fue quedando.
No atendía a lo que acaecía
y desesperado se terminó arrastrando.
Por tropezar con la pala
a los pies del caballo dió
y del miedo horrendo ocurrió
el equino cerro abajo desapareció.

Era negro su alrededor
y el pequeño en sus ojos desconfió
le rogaba a cuanto santo
su padre algún día le mencionó
Llorando desconsolado
un lamido y un ladrido el sintió
era Talo, su fiel canino
que a su lado, temeroso, se sentó.

Y cuando al fin, de la cobardía prescindió
levantó la cabeza y de sus ojos la mano quitó
– Hijo mío, ven aquí de una vez
ya no temas, el eclipse se fue de una vez.


Publicado originalmente el jueves, 13 de agosto de 2009, por El Felino.

Comentarios recientes
  1. Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!

  2. También podría haber sido eso ajajajaj

  3. Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈

  4. Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó

  5. Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *