Capítulo 2

¡Al fin era sábado! No tendría que levantarme temprano ni tendría que esforzarme en parecer cómoda ante nadie. Pensaba andar todo el día en pijama, ver alguna película en la tarde, ayudar a la abuela a preparar algo rico para la once y aprovechar de ordenar mi pieza. Ya tenía todas mis cosas, pero me faltaba organizarlas; pondría mis libros en los estantes y acomodaría la ropa en el armario.

Estaba bajando las escaleras, regocijándome en mis planes sabatinos, cuando me topé con mi abuela.

–Laurita querida, espero no tengas planes, en la tarde iré donde una muy buena amiga de la infancia, ¿Me acompañarías? No es muy lejos de aquí, podemos tomar un colectivo y estar allá en media hora.

¡Adiós día de pijama! Siempre me ha parecido interesante compartir con gente mayor, pero esta semana había sido tan agotadora emocionalmente, que no me sentía de ánimo. Aunque nunca he podido decirle que no a la abuela, ella se ha portado excelente con nosotros, y no sólo ahora, sino que siempre.

–Está bien abuela, ¿a qué hora planeas que salgamos?

–A las 16 es una buena hora, quiero llevar un kuchen para que tomemos once. Prometo que no volveremos tarde, sé que estás cansada con esto del cambio. Iré a ver el kuchen, ya debe estar casi listo–. Diciendo esto me besó la frente y se fue a la cocina.

Finalmente dieron las 4 de la tarde. Alcancé a ordenar un poco mi ropa, aprovechando de ver qué me pondría.

Partimos con la abuela, quien me iba señalando las distintas partes de la ciudad, mientras pasábamos en el colectivo. Iba tan entretenida que no me di cuenta cómo llegamos.

La casa era grande, y se encontraba en un barrio residencial antiguo, pero exclusivo.

Al tocar el timbre nos abrió una señora de mediana edad.

–¡Señora Eliana, llegó la señora Irma!–dirigiéndose a nosotros–pasen, las esperan.

Caminamos hacia el living, donde se encontraba sentada la amiga de mi abuela. Era una mujer de casi la misma edad, pelo castaño y corto, bien peinado, ojos color miel y tez clara.

Al vernos se puso de pie y nos dio una gran sonrisa.

–Amiga querida, ¿cómo estás?–la abuela le respondió mientras entrábamos–. Así que ella es tu Laura, ¡qué linda jovencita! ¿Me recuerdas?–mientras le decía que no, nos hizo sentar, y luego se dirigió a su nana–. Adela, ¿nos traes un vaso de jugo?

Definitivamente era una persona muy enérgica. Estuvimos conversando una hora aproximadamente, sobre mí, pero también sobre los recuerdos del colegio que tenían ambas. Fue una charla muy amena, lo cual me sorprendió, por un momento dudé que pudiera entretenerme tanto.

De pronto la señora Eliana interrumpió la conversación y llamó a su empleada–. Adela, dile a ese niño que salga un rato de su pieza y baje. Aprovechando que hay alguien de su edad, lo mandaré a comprar algunas cosas, así toma algo de aire–luego volvió a la conversación con nosotras–. Te he hablado de mi nieto, Irma, es un buen niño, pero vive encerrado en su mundo, sobretodo después de la separación de sus padres.

–Tal vez le falten más amigos.

–Puede ser, no es que no tenga, pero me encantaría que se expresara un poco más. En fin, ¿Laura, no te molesta acompañar un rato a mi pobre nieto?

¡Rayos! Siempre que la estaba pasando bien, tenía que surgir algo que lo arruinara, en ese momento lo que menos quería era tener que compartir con alguien con problemas, ya bastaban los mios.

–No, claro que no–traté de decir de la forma más educada.

Estaba enfurruñada por dentro, lamentando mi suerte, cuando escuché una voz familiar.

–Abuela, Adela me dijo que…–y no pudo seguir porque se dio cuenta de mi presencia–¿Laura, qué haces aquí?

–Damián, esa no es forma de saludar a la visita–dijo la señora Eliana–ella es nieta de Irma, ¿recuerdas a Irma, mi amiga del colegio?

–Hola Damián, veo que ya conoces a mi nieta, ¿y a qué se debe eso?–preguntó sonriendo mi abuela.

–Somos compañeros de clases–dije, antes de que el par de señoras dejara volar su imaginación.

–¡Oh, qué maravilla! ¡Quién lo diría que nuestros nietos serían compañeros!–casi gritó la señora Eliana. Luego, más calmada dirigiéndose a Damián–. Entonces, ya que se conocen, será menos incómodo que vayan juntos a comprar algunas cosas para la once, necesito pan, queso y unas paltas.

Fue así como me encontré caminando junto a Damián al negocio más cercano, que cabe decir, quedaba algo lejos.

–Oye Laura, siento haberte molestado con mi comentario el otro día–Damián se notaba más tímido de lo habitual.

–¿Comentario?

–Sí, lo de los espantacucos.

No me había percatado que desde el martes, cuando lo espanté con lo de los monstruos, no se había vuelto a acercar a mi. No pensé que mi reacción le conmocionaría tanto. No sabía si pensar que era un tonto por darle tanta importancia, o era muy tierno. Finalmente opté por nada, ya que no quería involucrarme mucho con nadie, y si lo pensaba mucho, iba a decidir por la segunda opción.

–Olvídalo, no fue nada. Me pillaste en un mal momento–le sonreí.

Nos fuimos el resto del camino conversando miles de cosas, descubriendo que teníamos muchos gustos en común. Primero se comportó algo reservado, pero cuando se convenció bien de que no estaba molesta con él, volvió a su humor negro, burlándose un poco de mí, y haciéndome reir.

El resto del día pasó volando, no me di cuenta cuando ya llegó la hora de volver a casa. Estuve acomodando mis libros hasta que me dio sueño y decidí acostarme.

El día lunes había amanecido particularmente frío. Como siempre, entré a la sala durmiendo aún, pero desperté de golpe cuando vi que junto a mi asiento estaba sentado Damián.

–Decidí que no era mala idea sentarse acá, es más fácil dormir en las clases de filosofía. Espero no seas una chupamedias acusadora.

–Tranquilo, si quieres nos turnamos para dormir- le dije sonriendo–. Pero, ¿no te sentabas con Gonzalo?

–Él se sentará delante de nosotros con Toño, somos inseparables, pero nos permitimos sentarnos con otros mientras no nos distanciemos mucho–y pestañeó entornando los ojos.

El ataque de risa que me dio, no paró hasta que llegó el profesor de matemáticas.

Mi hermano me había pedido que lo acompañara después de clases a las prácticas del equipo de básquetbol. Entrenaban los lunes, y el profesor a cargo le había dicho que se presentara ese día para probarlo.

Estaba un poco nervioso, así que trate de darle ánimo.

–Rafa, tú eras uno de los mejores de tu generación en el otro colegio, yo sé que te irá súper.

–¡Tienes razón! ¡No perderé la fe!–me dijo con una gran sonrisa–. Te dejo, ahí viene el profesor–y se fue corriendo hacia la cancha.

Me senté en las gradas y me puse a escuchar música mientras veía la práctica. Mi hermano se estaba esforzando y de momento estaba dando un buen rendimiento.

De pronto el profesor hizo sonar el silbato para dar un pequeño receso. Fue en ese momento que me dí cuenta de que se encontraba Natalia con Javiera y otras niñas, las cuales se acercaron corriendo donde estaba Gonzalo. Un poco incómodo las saludó y empezó a mirar a otros lados desesperado, hasta que me vió, y sonriendo les dijo algo y se fue corriendo adonde yo estaba.

–¡Sálvame, Laura! Esto es pan de cada día. Siempre vienen estas niñas a las prácticas y en cualquier oportunidad se me acercan como lapas. Creo que eres la primera mujer que veo aquí que no corre hacia mi.

–¡Qué pretencioso!

–Lo siento, no quise sonar así, pero es la verdad–dijo algo avergonzado.

–De todos modos, pensé que no te molestaba ser popular.

–¡Es terrible! Puedes preguntarle al profesor. Hay veces en que sus gritos me distraen tanto que me desconcentran. Hace unos años no era popular, y era todo más tranquilo.

–Bueno, puedes sentarte aquí mientras, pero no creas que vendré a todas las prácticas, hoy vine solamente a acompañar a mi hermano.

–¿Es ese niño que habla con el profesor?

–Así es.

–¡Guau, es bastante talentoso! Promete mucho, se nota que el profesor está contento con él.

–¿De veras? ¡Qué maravilla! Estaba nervioso, pero en nuestro colegio anterior siempre lo consideraban en los partidos, creo que un par de veces quedó en la banca, pero fue por lesiones.

–Sólo debe afinar algunas cosas técnicas, pero con práctica puede ponerse el día. Los días sábado en la mañana voy a entrenar a una cancha cerca de aquí, si quieres puedes llevarlo para que practiquemos.

–¡Obvio, Rafa se pondrá feliz! ¡Muchas gracias!

–Mira esas niñas, te están mirando con cara de odio, ¿qué pasaría si te tomo la mano?–Y diciendo esto me miró seriamente y tomó mis dos manos.

Vi su mirada fija en mi, y no pude evitar sentir que mi rostro se ponía caliente, e imagino que de un tono rojo bastante fuerte. Tragué saliva y sólo atiné a mirar hacia donde estaban las niñas. Natalia me miraba con odio intenso, mientras que Carla se tapaba la cara y salía corriendo.

–Creo, creo que no es buena idea, no quiero ganarme el odio de nadie.

Gonzalo miró a las niñas y soltó una carcajada– ¡Oh, vamos! ¡No pueden tomárselo tan a pecho! Nunca les he dado esperanzas ni nada como para que se crean con derecho a mirarnos así.

–Pero a la única que miran con odio es a mí.

–Bueno, no tienen derecho–. Se paró y con el rostro muy serio comenzó a caminar hacia el grupito de niñas. No me dio tiempo de decirle nada, pero justo el profesor los llamó para retomar el entrenamiento.

El resto de la práctica se me hizo eterna. No podía evitar sentirme nerviosa con las miradas de Natalia y Javiera. Apenas terminó, agarré a mi hermano de la mano y salí corriendo del gimnasio.

Cuando ya llevábamos un par de cuadras lejos del colegio, recién pude soltarle la mano a Rafa.

–¡Auch! ¿Pero qué te pasa?–dijo Rafael, sobándose la mano.

–¡Nada! Sólo quería salir rápido. Estoy cansada y debo estudiar para el miércoles–dije tratando de parecer indiferente.

–Mmm, no sé qué bicho te picó, pero ya me dirás.

Y hablando de otras cosas nos fuimos a casa.

Ya era de noche, y estaba preparando mis cosas para acostarme, cuando me llegó un mensaje a mi celular.

Era de un número desconocido y estaba escrito en mayúsculas: “APARTE DE ABURRIDA ERES UN GRAN MOJIGATA, PUTITA”.

Comentarios recientes
  1. Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!

  2. También podría haber sido eso ajajajaj

  3. Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈

  4. Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó

  5. Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?

3 thoughts on “Capítulo 2”

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