Era el día de cumpleaños de papá. No pude faltar a clases porque tenía prueba, pero mamá había prometido que el fin de semana iríamos a verlo al cementerio y haríamos un picnic junto a él. Sé que mamá trataba de hacernos más liviana la pena, pero hoy no podía evitar recordar cómo le celebramos a papá su cumpleaños el año pasado.
Recuerdo que mamá nos retiró temprano de clases para poder preparar la casa para cuando llegara papá. Comimos pizza, torta y muchas cosas ricas, y Rafael se disfrazó de presentador para entregarle los regalos a papá. Fue un día maravilloso, quién diría que sería su último cumpleaños.
No pude evitar sentir las ganas de llorar, por lo que le pedí permiso a la profesora para ir al baño. Me encerré en uno de los cubículos y dejé que cayeran mis lágrimas. Cuando ya me sentí más despejada, quise abrir la puerta, cuando noté que estaba escrito en ésta con letras rojas “Laura del cuarto B es una puta”.
Ya sabía yo que las cosas buenas no podían durar mucho. No sabía quién podía estar haciendo esto, pero tenía mis sospechas ¡Genial! Justo ese día tenía que juntarse todo.
Decidí que ya había pasado mucho tiempo, por lo que salí a lavarme la cara. El agua corría por mi rostro, mezclándose con mis lágrimas, cuando sentí una voz:
–¿Te encuentras bien?
Levanté mi cabeza lo más rápido que pude, mientras secaba mi rostro con una mano. Era una niña de mi edad, baja, de pelo castaño liso, amarrado en una trenza que caía hacia adelante por uno de sus hombros. Me miraba con cara de preocupación.
–Sí, no es nada–le dije, tratando de sonreir.
–¿Segura? Porque entré al baño hace rato y creo haberte escuchado llorar. Tal vez pueda ayudarte.
No pude evitar ponerme roja. –¿De veras? ¡Oh, genial! Tienes todo el derecho a pensar que soy una llorona.
–¿Y qué hay de malo en eso? Me llamo Mariana, soy del cuarto C. Debes ser nueva, no te había visto antes–asentí–. Bueno, si no quieres contarme qué te pasa, estás en tu derecho, pero déjame distraerte por lo menos.
–Soy Laura, del cuarto B. Creo que he estado mucho tiempo fuera de la sala, pero–y ni yo me creí mi respuesta–podemos juntarnos en el recreo, ¿o no?
–¡Por supuesto!–y sus ojos brillaron mientras juntaba sus manos y sonreía–en tu curso hay muchas arpías, es mejor que dejes que te oriente un poco. Juntémonos en la biblioteca–y haciendo un gesto, procedió a salir del baño–¡Nos vemos!
–¡¿Que te escribieron qué?!–dijo Mariana casi gritando, mientras me tomaba de los hombros.
–¡Shhh!–nos hizo callar la bibliotecaria.
–¡Lo siento!–le dijo a la mujer, y luego casi susurrando se volvió a mí–no puedo creer que te hayan escrito eso, ¡pero si no llevas ni dos semanas! Definitivamente superaron su propio récord.
–No tengo certeza de quién habrá sido, pero sospecho que haya sido Carla o una de sus amigas. Me miraban con una cara de odio ese día–bajé la cabeza–. Lo siento por contarte mis problemas, generalmente no soy de confiar en alguien que apenas conozco, pero hoy no es un buen día, y la situación me sobrepasó un poco.
–Tranquila–dijo, mientras apoyaba una mano en mi hombro–recuerda que fui yo la que te ofreció ayuda. Además, también he sufrido por culpa de algunas de tus compañeritas, así que sé en parte cómo te sientes.
–¡Muchas gracias!–le sonreí–. Ahora lo que me preocupa es que Gonzalo le ofreció ayuda a mi hermano, para entrenar con él los sábados. No quiero quitarle la oportunidad a Rafa de mejorar, pero, siento que seguirán molestándome mientras me acerque a él.
–Mmm…. Pero tengo entendido que él fue una de las primeras personas que se acercó a ti. Dime algo, ¿cómo te cae?
–La verdad, muy bien. Es bastante agradable, y junto con Damián y Toño me han acogido de buena forma, de hecho, ya hay un par de trabajos que quedamos de hacer juntos.
–Entonces, no deberías alejarte. Ignora esos comentarios, yo creo que mientras menos los pesques más harás picar a quienes los escriben.
Después de esa conversación, cambiamos de tema. Mariana resultó ser un ratón de biblioteca como yo, así que teníamos mucho de qué hablar.
Cuando sonó el timbre, quedamos en que almorzaríamos juntas, y cada una regresó a su sala.
Correspondía historia en esa hora, y había que desarrollar un trabajo grupal. Estábamos distribuyendo lo que haría cada uno, cuando sentí que mi celular vibró. Era un mensaje de un número desconocido, distinto al de la otra vez. En esta oportunidad era menos agresivo, aún así no pude evitar sentirme abatida. Damián lo notó enseguida:
–Laura, ¿estás bien?
–Sí, no es nada.
–Pero es que estabas hablando de lo más bien, y de repente miraste tu celular y cambiaste tu expresión.
–¿Qué pasa?–preguntó Toño.
–Nada, de verdad–sonreí mirando a Damián. Pero por debajo de la mesa le pasé un papel que decía que ya le explicaría todo, y que no insistiera.
A la salida de clases, Damián insistió en acompañarme a casa. Dijo que no dejaría de molestarme hasta que le contara qué era lo que me pasaba.
No llevábamos ni una cuadra caminando, cuando escuchamos una bicicleta que se acercaba.
–¡Ey, Laura! ¿No se te habrá olvidado que debes llevar a tu hermano el sábado para que entrenemos?–era Gonzalo. Cómo podría olvidar ese asunto que me tenía entre la espada y la pared.
–Claro que no, pero no sé si Rafa quiera levantarse temprano un día sábado–mentira, desde pequeño que tenía la costumbre de despertar temprano, antes para molestarme, después para hacer algo de ejercicio. Esa era una de las tantas cosas que nos diferenciaban.
–Vaya–lo dijo como si se sintiera decepcionado–. Bueno, si se decide a madrugar, me avisas, ¿tienes mi número?
Asentí y se despidió, alejándose en su bicicleta.
–Bien, ahora me dirás qué es lo que tiene tu celular que te cambia el ánimo–. Damián estaba muy serio.
–Pensé que lo habías olvidado–le dije sonriendo.
–Te dije que te molestaría hasta que me dijeras lo que pasa.
–Y bueno, ¿por qué tanta preocupación? Nos conocemos hace poco.
Damián se puso un poco rojo–. Estee… porque me caes bien… ¡y porque tengo que verte la cara todos los días! Preferiría que mi compañera de puesto no anduviera con una cara de tres metros cada vez que mira su teléfono.
No pude evitar reir a carcajadas. Damián tenía respuesta para todo.
–Está bien, pero prométeme que no le dirás nada a Gonzalo, ni a nadie–. Y le conté desde que se me acercaron Javiera y sus amigas, hasta el mensaje que recibí ese día–. No tengo certeza que sean ellas, pero no se me ocurre quién más podría ser.
–¡Claro que son ellas!–se veía muy molesto–. No es primera vez que lo hacen. Cuando íbamos en primero medio, llegó una compañera nueva, muy linda y simpática. Con Gonzalo empezaron a llevarse muy bien, hasta que en una fiesta en casa de Claudio, pincharon. Después de eso empezaron a acosarla. Fue tanto, que al final tuvo que cambiarse de curso para finalizar el año, y en segundo, ya se había ido a otro colegio.
–Pero, ¿cómo pueden llegar tan lejos? Parece una obsesión.
–Yo creo que es por el simple hecho de que se creen irresistibles, y Gonzalo nunca les ha hecho caso. Carla es muy popular, desde siempre, y generalmente pololeaba con quien ella quería, hasta que en primero medio se fijó en Gonzalo.
–Es decir, que mientras me junte con Gonzalo no dejarán esos mensajes.
-¡No me digas que ya no te juntarás con nosotros! Creo que eres mucho mejor que eso–se puso rojo–o sea, no deberías dejar que esos comentarios te afecten.
–Pero me afectan, estoy en un mal momento de mi vida, y que recién llegando a este colegio me quieran hacer mala fama, me hace mal.
–¡Oh vamos! ¿Cada vez que conozcas gente nueva o tengas nuevas oportunidades te echarás atrás ante la mínima amenaza? Te estás ahogando en un vaso de agua. Desde hace un tiempo ya que la gente no pesca los comentarios de ese grupo. De todos modos, si te molestan mucho, yo te defiendo, y sé que Gonzalo y Toño harán lo mismo.
–¿De veras?–no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Sí, andaba muy sensible, y las palabras de Damián me hicieron reaccionar. Primero Mariana, ahora él, de verdad que existían personas buenas en este colegio. Quise abrazarlo, pero sólo me atreví a sonreírle y darle las gracias.
–Entonces, ¿es verdad que tu hermano no será capaz de levantarse temprano para ir a entrenar con Gonzalo?–me preguntó Damián mirando con cara de incredulidad.
Baje la cabeza–no, de hecho es más probable que a mi me cueste llevarlo.
Damián soltó una carcajada y no dejó de molestarme hasta que llegamos a mi casa.
Esa tarde estábamos todos más callados de lo habitual. La abuela bordaba en su sillón, mamá trabajaba en su computador y Rafa estudiaba. Yo aprovechando que no tenía que estudiar, leía un libro.
De pronto me llegó un mensaje, era Gonzalo: “¡Ey Laura! ¿Convenciste a tu hermano de levantarse temprano mañana?”. Era muy persistente.
Pensé en lo que me habían dicho Mariana y Damián, y decidí que no sería justo para Rafa dejar pasar esta oportunidad, considerando que le quedaban aún unos cuantos años en el colegio, y destacar desde ya le serviría para sus sueños.
“Estoy a muy poquito de lograrlo” ¡Dios! Qué manera de mentir.
“¡Genial! Entonces nos vemos a las 08:30 en el colegio, la cancha está a una cuadra de ahí” ¡08:30! ¡Oh no! ¿A qué hora tendría que levantarme? Definitivamente amaba mucho a mi hermano como para hacer ese sacrificio. Aunque si lo pensaba bien, no era mi obligación acompañarlo. El problema era que podía decirle a Gonzalo que la que no gustaba de levantarse temprano era yo. En fin, por esa vez iba a hacer el supremo esfuerzo de levantarme temprano un día sábado.
Le conté a Rafa lo de la práctica, se puso muy feliz. Me dijo algo de arreglar algunas cosas y ya se iba a su habitación.
–Rafa, cualquier cosa que diga Gonzalo, yo logré convencerte de que fueras a entrenar tan temprano–. Lo miré con gesto suplicante.
–¿Qué? ¿Por qué tendría que decir eso? Espera–me miró con una sonrisa suspicaz–me debes muchas explicaciones hermanita, ya me las darás.
Y diciendo esto subió corriendo las escaleras.
Foto de Zachary Olson en unsplash
Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!
También podría haber sido eso ajajajaj
Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈
👤 👀
Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó
Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?
Gssh!!!
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *
Comentario *
Nombre *
Correo electrónico *
Sitio web
Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador para la próxima vez que comente.
Publicar comentario