Ese día habían descuentos realmente buenos en la tienda, por lo que inevitablemente terminé con un par de pilchas en la mano y dirigiéndome a los probadores para ver qué tal me quedaban.
Era claro que no iba a ser la única con ese pensamiento, por lo que la fila estaba particularmente larga.
Me acerqué a la última persona y le hice una de las típicas preguntas.
–¿Está es la fila para los probadores?
–¡Siii! Parece que hoy todas se pusieron de acuerdo para venir a probarse ropa.
–Es que hay harta ropa barata–le contesté tras una pequeña risa.
–¡Súper barata! Justo pillé este pantalón que hace tiempo quería comprarme, ¡y está con descuento! Así que quiero asegurarme bien de llevarme una talla que me quede bien.
Era una mujer joven, algo mayor que yo. Al menos en apariencia se veía jovial, o quizás le alegraba mucho el haber encontrado los pantalones más baratos.
De pronto se le acercaron dos mujeres mayores.
–¡Andrea! ¡Tanto tiempo! ¿Cómo estás?
–¡Señora Clotilde! ¡Señora Mercedes! Bien, bien, ¿y ustedes?
A continuación y sin querer, fui espectadora de una singular escena.
–¡Uy ni te imaginas! Me encontraron artrosis de cadera, así que tengo que tomar unos medicamentos que…–empezó a decir una, la señora A, como para diferenciarla.
–Yo he estado regio, pero la otra vez me encontré con mi prima Julia, ¿te acuerdas de ella? Y resulta que…–dijo por su parte la otra señora, que le pondré señora B.
Y así fue, como la mujer joven que estaba delante mío, comenzó dos conversaciones al mismo tiempo. Lo increíble es que lograba mantenerlas, e incluso intervenir, hábilmente.
–Siempre algo de calor, como un guatero, me alivia esas molestias–le contestaba a la señora A.
–Es una pena que sucedan ese tipo de cosas–le respondía a la señora B.
Y así se mantuvo, mirando a una y a otra, por al menos 10 minutos.
Mientras la fila avanzaba lentamente.
Ya estaba pensando en aplaudirle por su tremenda capacidad de mantener la atención, cuando derrepente la situación se volvió tensa.
–¿Recuerdas que la otra vez te conté sobre mi vecina?–preguntó la señora A.
–Su vecina…¿cuál de todas?–respondió tratando de hacer memoria la joven.
–¡¿Cómo no te vas a acordar?! ¿Ves que no pones atención?–dijo indignada la señora A, a lo cual siguió retándola y lamentándose de que no fuera tomada en serio, mientras la otra señora seguía hablando.
La cara de la joven fue poniéndose cada vez más pálida, hasta sólo emitir monosílabos.
Finalmente, y para alivio sobretodo de la joven, pero también de las que estábamos cerca, las señoras terminaron sus discursos y se despidieron, marchándose al piso de arriba a comprar pijamas abrigadores para el invierno tan frío que se venía (sí, una de las dos se lo dijo a la joven en algún momento de sus conversaciones).
En tanto, la mujer me miró, y pude ver en su cara cómo toda la vitalidad que tenía antes, se había ido con las dos señoras viejas.
–¿Te encuentras bien?–pregunté.
–No, la verdad. Me siento horriblemente nauseosa y agotada, creo que necesito ir al baño.
Y dejando en uno de los tantos mostradores su tan ansiado pantalón, la joven se salió de la fila, y se fue para el baño y quizás qué otro lugar, porque a pesar de que tuve que esperar un rato más antes de entrar a los probadores, no la ví regresar.
Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!
También podría haber sido eso ajajajaj
Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈
👤 👀
Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó
Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?
Gssh!!!
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