TEPT

Dijeron los testigos que el conductor de la camioneta iba bajo efectos del alcohol, y no respeto la señal de “pare”. También dijeron que iba tan rápido, que el otro conductor no fue capaz de parar a tiempo. En lo que hay discrepancias, es sobre quién salió eyectado del vehículo, si la hija mayor o la esposa, y si aún estaba con vida el conductor cuando llegó la ambulancia.

Pero en lo que definitivamente estaban todos de acuerdo, era que había sido un accidente muy cruento y bastante trágico, dadas las consecuencias, ya que sólo sobrevivió la hija menor de la familia que iba en el vehículo impactado por la camioneta.

Lo que nunca nadie dijo ni supo, es que la hija menor también murió, por unos breves minutos; pero vio a La Muerte a los ojos, y ésta quizás compadecida, decidió no llevársela.

Sí supieron los médicos que a contar de ese día ella veía a La Muerte de forma recurrente, sobretodo el tiempo que estuvo hospitalizada, pero claramente no le creyeron y atribuyeron esas visiones a delirios por estrés postraumático.

Cansada de que la empastillaran y la miraran con cara de complacencia, la hija menor, Olivia, finalmente decidió quedarse callada.

Pero ese hecho no significó ningún cambio en sus visiones. Siguió viendo a La Muerte, siempre vestida de blanco.

Un día, cansada y con el alma adolorida, le gritó.

Para su sorpresa, La Muerte se dio la vuelta, acercándose a ella hasta quedar a un par de metros.

Estaban en el cementerio, Olivia visitaba a su familia, que ya se había ido hace un par de años, y cerca de su tumba había un funeral. La Muerte estaba junto a quien aparentemente estaban despidiendo, cuando Olivia decidió gritarle.

–¿Por qué no me llevaste también?–le reprochó con la voz temblorosa, aguantando el llanto– Mi vida ya no tiene el sentido que tenía cuando estaban ellos.

La Muerte la miró, y dio unos pasos más, acercándose.

–¡Acércate más! Ya te he visto tanto, que no te temo.

Se detuvo, quizás sorprendida.

–¡Yo tenía que irme con ellos! ¡Tú lo sabes!

–No era el momento–respondió al fin. Su voz era clara y profunda a la vez–. Y por ese mismo motivo, aunque me has visto, no has intentado que vuelva a ti.

Olivia la quedó mirando perpleja. Luego, agachando la cabeza rompió en llanto.

–¡No creas que no lo he pensado! Pero… pero temo fallar y volver al hospital, y ver tantas veces que te acercas a otros y yo no poder hacer nada–calmándose un poco, sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó las lágrimas–. Además, mis tíos han sido tan buenos, que no merecen perder a alguien más tan trágicamente.

–Está bien, te concederé un deseo– dijo la muerte tras unos minutos.

–¿Me llevarás?– preguntó Olivia con un dejo de ilusión.

–No, eso no depende de mí– respondió serenamente.

–Entonces, no será un deseo, será el capricho de alguien más.

–Puede ser, pero no siempre lo que tú desees será lo mejor para ti. 

–Suenas como mi tía– alcanzó a contestar amargamente Olivia, antes de que terminara de acercarse a ella La Muerte. Y sin que pudiera reaccionar, le sopló los ojos, para luego desaparecer de su lado y volver junto al recién fallecido.

Tras eso, como una autómata, Olivia volvió a casa de sus tíos, siguiendo su vida normal. Y cada vez más la conversación y las visiones de La Muerte se fueron haciendo difusas, para finalmente parecer un mal sueño.

No obstante, contrario a lo que parecía, no dejó de percibir por completo su presencia. 

No fue consciente de esto hasta un día en que visitaron a su abuelo materno, que llevaba años enfermo de cáncer. Aún así, se mantenía estable y en buenas condiciones generales, por lo que daba impresión de que aún le quedaba tiempo junto a su familia.

Pero para Olivia esto no estaba tan claro. Y se lo comentó a su tía.

–¡Ay Olivia! No seas tan siniestra–le contestó la tía Leonor–. Papá se ve muy bien, y tiene tantas ganas de vivir.

–S-sí, tiene razón, debo estar confundida–replicó Olivia.

Sin embargo, la idea no se le había ido. No quiso insistir por miedo a que volvieran a pensar que tenía alucinaciones y la dejaran con ese tratamiento que lo único que lograba era embotarla.

La verdad es que ese día su abuelo se veía ¿transparente? O algo así. Y no podía dejar de sentir cierto olor a quemado… a algún gas quemándose, como el de los quemadores de la cocina.

Y aunque no insistió más en el tema, al despedirse de su abuelo le dio un abrazo más apretado que de costumbre, y le dijo lo mucho que lo quería. Y su abuelo, como si adivinara sus intenciones, le acarició la mejilla.

–Mijita, no tenga pena ni tenga miedo. Atrévase a ser feliz y a encontrar su misión en esta vida–le dijo antes de despedirse.

Al otro día, cuando su tía la despertó llorando para contarle que el abuelo Federico había fallecido, todo encajó para Olivia. 

Y pudo entender, con el mensaje de su abuelo, que debía encontrar algún sentido para seguir viviendo, por lo que, aunque sentía pena por la partida de éste, en su corazón se empezó a formar una pequeña llama de esperanza, que la instaría a buscar con qué completar su vida.

De a poco fue observando que lo que sintió con su abuelo, lo volvió a sentir con el vecino de la casa de la esquina y con la gata vieja de su prima. Por lo que descubrió que tenía la habilidad de saber cuándo alguien se iba a morir, y con esto decidió que su vocación la abocaría en acompañar a quiénes estuvieran terminando su vida. Y buscando consejos y siguiendo recomendaciones terminó egresando de la universidad como enfermera.

Tras un par de meses, logró encontrar trabajo como reemplazo en el servicio de medicina del hospital de su ciudad.

Y el primer día, al entrar al mismo hospital donde había estado hace tantos años como paciente, recordó a La Muerte, y se dio cuenta que efectivamente había cumplido su deseo. El deseo de volver a sentir ganas de vivir, ayudando a otros.

Imagen de Luigi Boccardo en Unsplash

Comentarios recientes
  1. Pero que buena historia!! Habría hecho los mismo!!

  2. También podría haber sido eso ajajajaj

  3. Yo pensé que el olor a quemado era alguien tostando pan 👀… 🐈

  4. Lo subiré!! Hoy mismo!! Ahí vas a cachar quién lo mandó

  5. Esperando capítulo 3… quien mandó el mensaje?

2 thoughts on “TEPT”

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